SIGNOS DE REBELDÍA?

Varias de las principales estrellas de la NBA se destacaron esta semana por oponerse a la política de vacunación de la liga. Aunque algunos de nuestros lectores no sepan quiénes son Kyrie Irving, Bradley Beal o Jonathan Isaac, muchos millones de jóvenes de todo el mundo admiran a estas estrellas del baloncesto. ¡Qué soplo de aire fresco fue leer la historia de Matt Lamb en la que se detalla la elocuencia y la valentía con la que estos jóvenes negros se enfrentaron a la presión corporativa y mediática para someterse a la vacunación forzada!

¿Y qué decir de la rapera Nicki Minaj, que se atrevió a animar a sus seguidores a pensar por sí mismos y a no dejarse «intimidar» para vacunarse contra la COVID? De nuevo, dejando a un lado lo que podamos pensar de su música o de su problemático pasado, la realidad es que personas con las que no solemos estar de acuerdo se están levantando y uniendo a nosotros para decir «ya basta» con esta tiranía de la COVID. A las personas libres en países libres se les debe permitir tomar decisiones de acuerdo con su propia conciencia. 

Otro lugar inesperado para las buenas noticias es la China comunista. Esta semana, el Partido Comunista Chino (PCC) anunció planes para reducir activamente el horrible número de abortos que se perpetran en la mayor nación del mundo. Calvin Freiburger nos recuerda que «si bien cualquier reducción del aborto es una buena noticia para los observadores provida, la última medida del régimen comunista parece estar impulsada por motivos distintos a una devoción de principios a la santidad de toda vida humana». Y mientras el Partido Comunista sigue promoviendo el mal en todo el mundo y oprimiendo a su propio pueblo, creo que esta historia muestra que incluso el tiránico PCC es incapaz de interponerse en el camino de la voluntad amorosa de Dios.

Y en Canadá, la resistencia a la tiranía del COVID está creciendo, con empresas que se unen en solidaridad con los ciudadanos individuales que rechazan los pasaportes de vacunas. Nuestro intrépido reportero Kennedy Hall nos habla de cientos de empresas que se negarán a aplicar los mandatos de pasaporte de vacunas del gobierno.

Esta buena noticia es todo lo contrario a lo inesperado, pero podría serlo para el sufrido pueblo de Australia.

El gobernador de Florida, al que muchos ven como aspirante a la presidencia en 2024, cuestionó por qué Estados Unidos mantendría relaciones diplomáticas amistosas con un país (Australia) que se ha «descarrilado dramáticamente» con cierres draconianos y violaciones de las libertades civiles básicas de sus ciudadanos. Que Dios os bendiga y que tengáis un maravilloso fin de semana.

LA RESURRECCIÓN DEL CUERPO Y LA EUCARISTÍA (por Eudaldo Forment)

1406. –¿La composición de los cuerpos resucitados en la vida eterna será la misma que en la vida temporal?

–Después de los anteriores capítulos de la Suma contra los gentiles, dedicados a los cuerpos resucitados, Santo Tomás se ocupa en otro de la naturaleza del cuerpo en esta nueva condición, porque explica que: «Como vemos que todo cuerpo compuesto de contrarios se ha de corromper necesariamente, hubo quienes dijeron que los hombres resucitados no tendrían tales cuerpos compuestos de contrarios».

Se dieron varias doctrinas respecto a ello. «Unos, movidos por el dicho de San Pablo: «se siembra un cuerpo animal, resucita un cuerpo espiritual« (1 Cor 15, 44), afirmaron que nuestros cuerpos no resucitan en naturaleza corporal, sino que se convierten en espíritus»,

De una manera parecida: «Otros, movidos por la misma afirmación, dijeron que nuestros cuerpos eran en la resurrección sutiles y semejantes al aire y al viento ya que el «espíritu» se llama aire y así, «espirituales» equivale a aéreos».

Por último: «Y otros, con ocasión de lo que dice San Pablo hablando de la resurrección: «Hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres» (1 Cor 15, 40), dijeron que las almas tomaran en la resurrección cuerpos no terrestres sino celestes».

Tanto a los que afirman que los cuerpos resucitados serán espirituales, como aéreos o cuerpos celestes: «parece favorecer lo dicho por San Pablo en el mismo lugar: «La carne y la sangre no poseerán el reino de Dios» (1 Cor 15, 50). Y, según esto, parece que los cuerpos de los resucitados no tendrán carne ni sangre y, en consecuencia, tampoco los otros líquidos corporales». Por tanto, según todas estas doctrinas los cuerpos resucitados no serán como en esta vida. «Pero se ve claramente que tales opiniones son erróneas.

1407. –¿Por qué son «erróneas» las doctrinas que afirman una naturaleza distintas en los resucitados?

–Santo Tomás prueba la falsedad de tales doctrinas con cinco argumentos. El inicial es teológico, los demás son filosóficos. El primero se basa en dos premisas. Una: «nuestra resurrección será conforme a la resurrección de Cristo, según el dicho de San Pablo: «el cual reformará nuestro cuerpo miserable para hacerlo conforme a su cuerpo glorioso» (Fil 3, 21)».

Otra: «Cristo, después de la resurrección, tuvo un cuerpo palpable, compuesto de carne y de huesos, porque, como dice San Lucas, después de la resurrección dijo a sus discípulos: «Mirad mis manos y mis pies, soy yo mismo; tocad y ved que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo» (Lc 24, 39)». De ellas se concluye que: «también los otros hombres resucitados tendrán cuerpos palpables compuestos de carne y huesos».

1408. –¿Cuáles son los argumentos filosóficos?

–En el primero se recuerda que: «El alma se une al cuerpo como la forma a la materia. Pero toda forma tiene determinada materia, pues es preciso que entre el acto y la potencia haya proporción. Luego, como el alma sea la misma específicamente, parece que ha de tener también la misma materia específica».

El término «alma» significa aquí el alma en cuanto espíritu, o en cuanto realiza sus facultades propias de entendimiento y voluntad, que son las que permanecen en su separación del cuerpo, o en su inmortalidad antes de la resurrección. El «cuerpo» significa la materia prima con las determinaciones físicas, vegetativas y animales que le proporciona el alma espiritual, por ser forma de la materia. El cuerpo, en este sentido, puede decirse materia, o sujeto del alma en sus determinaciones superiores.

Por consiguiente, por tener la misma alma, que volverá a determinar como antes a la materia, independientemente que ésta sea o no la misma, el cuerpo tendrá que ser como el de antes de la resurrección. «Será, pues, el mismo cuerpo específicamente antes y después de la resurrección. Y así será preciso que esté compuesto de carne y huesos y de otras partes de la misma clase».

En el siguiente argumento filosófico, se dice: «Como en la definición de las cosas naturales, que significa la esencia de la especie, entra la materia, es necesario que, al variar la materia específica, varíe también la especie de la cosa natural». Como la esencia de las cosas naturales, o substancias compuestas de materia y forma, que se significa con el concepto lógico de especie, expresada en la definición, esta última deberá contener ambos constitutivos.

Como «el hombre es una cosa natural», un compuesto de materia y de forma, o de un espíritu, que realiza las funciones de informar a la materia, «por lo tanto, si después de la resurrección no tiene un cuerpo compuesto de carne y huesos y partes similares, como lo tiene ahora, el resultado no será de la misma especie», porque la especie debe significar todos sus constitutivos esenciales. No sería en este caso un hombre y «se llamará hombre equívocamente».

Los dos argumentos restantes se basan no en la materia específica, sino en la individual y propia, que posee cada hombre. En el primero de ellos, reconoce Santo Tomás la igualdad en cuanto a la especie del cuerpo de todos los hombres y de ahí que deba admitirse que: «más distante está del alma de un hombre el cuerpo de otra especie que el cuerpo humano de otro hombre».

Sin embargo, cada hombre posee un cuerpo con un materia individual, distinto en cuanto a su singularidad de los demás hombres, No hay dos cuerpos iguales en su concreción e individualidad, Por ello: «el alma no puede volver a unirse al cuerpo de otro hombre, como ya se demostró (II, c. 8)». De manera que cada alma esta unida a su propio cuerpo, y, por tanto, a su propia materia concreta e individual, porque fue creada por Dios para corresponderse y adaptarse a una porción de matera singular, a la que únicamente puede informar. Si ello es así, como ya probó más arriba, en el lugar indicado, se sigue que: «mucho menos podrá unirse en la resurrección a un cuerpo de distinta especie».

El segundo, Santo Tomás lo inicia con esta formulación de su tesis, también ya ha probada: «Para que resucite el mismo hombre numéricamente, es necesario que sus partes esenciales sena las mismas numéricamente». No basta que su forma realice las mismas determinaciones, que antes de separarse de su cuerpo y materia, para que haya resurrección, el cuerpo tiene que ser el mismo individual o numéricamente. Por consiguiente: «si el cuerpo del hombre resucitado no consta de estas carnes y estos huesos de que ahora se compone, el hombre no será el mismo numéricamente».

Por último, lo confirma con un pasaje de la Escritura, al indicar que: «todas estas opiniones, tan abiertamente falsas, exclúyelas Job al decir: «De nuevo he de ser revestido de mi piel y en mi carne veré a mi Dios, a quien he de ver yo mismo y mis ojos lo han de contemplar, y no otro» (Jb 19, 26-27)».

1409. – ¿Con estos argumentos el Aquinate da por terminada su crítica?

–Santo Tomás continúa su crítica con una refutación de las tres doctrinas en su particularidad, porque: «cada una de dichas opiniones tiene sus propios inconvenientes».

Respecto a la primera, la que afirma que el cuerpo resucitado es de naturaleza espiritual, declara que: «es absolutamente imposible afirmar que un cuerpo se transforme en espíritu. Pues no se transforman alternativamente sino las cosas que tienen una materia común». En todo cambio, hay algo que permanece, la materia, y algo que se trasforma, las formas accidentales o la forma substancial. Si el cambio fuera total, no habría cambio, sino una aniquilación y una creación.

Sin embargo: «entre lo espiritual y lo corporal no puede haber comunidad de materia, pues las substancias espirituales son totalmente inmateriales, como ya se demostró (II, c. 50)». Las substancias espirituales son simples, están constituidas por una forma subsistente y carecen de materia. «Luego es imposible que el cuerpo humano se convierta en una substancia espiritual».

Todavía advierte que, en esta doctrina, se encuentra otra dificultad, porque: «si el cuerpo humano se transforma en substancia espiritual, tal substancia será el alma u otra diferente». En el primer caso: «si se transforma en la propia alma, después de la resurrección no habrá en el hombre más que el alma, y como antes de la resurrección. Por lo tanto, no cambiará la condición del hombre por la resurrección».

En el segundo: «si se transforma en otra substancia espiritual resultará que con dos substancias espirituales se hará una única naturaleza. Y esto es totalmente imposible, porque cada substancia espiritual es por sí subsistente», tiene un ser propio y proporcionado a su esencia.

1410–¿Cuál es la crítica concreta a las otras dos restantes doctrinas?

–En cuanto a la doctrina de la conversión del cuerpo humano en algo material pero con menos consistencia o firmeza como la del aire, afirma Santo Tomás que: «De igual modo es imposible que el cuerpo del hombre resucitado sea como aéreo y semejante al viento»; y, por dos razones.

La primera es la siguiente: «Es preciso que el cuerpo humano, como el de cualquier animal, tenga cierta figura en la totalidad y en sus partes». Además: «el cuerpo, que tiene determinada figura, es menester que sea limitado, porque la figura es lo que limita, o aprisiona en un límite». Sin embargo, «el aire no tiene límites en sí, aunque esté limitado por límites ajenos». Por consiguiente: «no es posible que el cuerpo del hombre resucitado sea aéreo y semejante al viento».

La segunda razón es porque, por una parte: «es preciso que el cuerpo del hombre resucitado tenga tacto, pues no hay animal sin tacto»[1]. Explica Santo Tomás en la Suma teológica que: «él sentido del tacto es uno genéricamente, pero con múltiples especies y por eso percibe diversas contrariedades»[2]. De manera que: «el tacto percibe muchos grupos de contrarios, como lo caliente y lo frío, lo húmedo y lo seco, etc.»[3]. Por ello: «estos sentidos no están vinculados a distintos órganos sino que hallan entremezclados por todo el cuerpo, y por eso no se percibe su diferencia»[4]. Santo Tomás no utiliza para la argumentación cualquiera de los otros sentidos específicos, porque el tacto es el único sentido que está extendido por todo el cuerpo.

Por otra parte, como se ha dicho: «el resucitado, si es hombre, ha de ser animal. Pero el cuerpo aéreo carece de tacto», porque le es imposible tenerlo por no es compuesto como los cuerpos animales, «pues es menester que el cuerpo mediante el cual se realiza el tacto sea el medio entre las cualidades tangibles, a la manera de una potencia con respecto a las mismas, como lo prueba Aristóteles en el libro Sobre el alma (II, c. 11)». Por consiguiente, debe afirmarse que: «es imposible que el cuerpo del hombre resucitado sea aéreo y semejante al viento».

Este último argumento sirve también para refutar específicamente la última doctrina que considerar los cuerpos resucitados igual que los cuerpos celestes, concebidos según aquella época, porque: «demuestra también que no podrá ser un cuerpo celeste». La razón es porque: «es preciso que el cuerpo humano y el de cualquier animal sea susceptible de cualidades tangibles, como acabamos de decir. Y esto no puede convenir al cuerpo celeste, que ni es cálido, ni frío, ni húmedo, ni seco, ni cosa parecida, ni acto o potencia, como se prueba en Sobre el cielo y el mundo (I, c. 3). Luego el cuerpo del hombre no es celeste».

Por seguir a Aristóteles y a la concepción astronómica helenística griega en general y de su interpretación musulmana, Santo Tomás con otros muchos medievales considera que: «Los cuerpos celestes son incorruptibles y no pueden sufrir transformación en sus disposiciones naturales. Y les corresponde naturalmente la figura esférica, como se prueba en la obra de Aristóteles Sobre el cielo y el mundo (I, c. 3)», Desde esta concepción, constituida según el modelo físico cosmológico de la ciencia de la época medieval, concluye Santo Tomás que: «no es posible que (los cuerpos celestes) reciban la figura que corresponde naturalmente al cuerpo humano. Luego, es imposible que los cuerpos de los resucitados sean de la misma naturaleza de los cuerpos celestes»[5],

1411–¿Cómo serán los cuerpos resucitados?

–También explica Santo Tomás, en el siguiente capítulo de esta última parte de la Suma contra los gentiles, que: «aun cuando los cuerpos de los resucitados han de ser de la misma especie que son ahora nuestros cuerpos, sin embargo, tendrán otra disposición», o situación, porque: «primero, en cuanto que todos los cuerpos de los resucitados tanto buenos como malos, serán incorruptibles».

Las razones son tres. «La primera se toma del fin de la resurrección, pues tanto los buenos como los malos resucitarán para que también en los propios cuerpos obtengan el premio o castigo por lo que hicieron mientras vivieron en el cuerpo». Toda la persona humana con su naturaleza integral recibirá la retribución de la sentencia del juicio final.

Toda retribución será eterna. De manera que: «el premio de los buenos, que es la felicidad, será perpetuo; de igual forma también al pecado mortal corresponde pena perpetua. Ambas cosa se evidencian por lo que se determinó en el libro Tercero (cc. 62 y 144)», que la visión de Dios se da en la eternidad y que el castigado con la privación de este fin lo sufre eternamente. Por consiguiente: «es menester que unos y otros reciban un cuerpo incorruptible».

La segunda razón: «puede tomarse de la causa formal de los resucitados, que es el alma. Pues se ha dicho (IV, c. 79) que, para que el alma no permanezca perpetuamente separada del cuerpo, volverá por la resurrección a tomar nuevamente el cuerpo». La inmortalidad del alma espiritual requiere la resurrección futura del cuerpo, que ha informado en esta vida.

Por consiguiente: «como se proveyó para la perfección del alma que recibiese el cuerpo, será conveniente que el cuerpo se disponga según conviene al alma». Por ser espiritual, «el alma es incorruptible. Por lo tanto, también se le restituirá un cuerpo incorruptible».

Por último: «la tercera razón puede tomarse de la causa activa del resurrección», Como también se ha dicho, la causa eficiente principal de la resurrección es Dios, por medio de Cristo resucitado (IV, c. 79). Puede decirse que: «Dios, que restableció a la vida cuerpos ya corrompidos, mucho más podrá conceder a los cuerpos la conservación perpetua de la vida ya recuperada. Para cuyo ejemplo, cuando quiso, conservó libres de corrupción a los cuerpos corruptibles, como los cuerpos de los tres muchachos en el horno de Babilonia (Dan c. 3)».

De esta razón, se puede concluir y respecto a las tres doctrinas refutadas, en el capítulo anterior, que: «el hombre resucitado no será inmortal, porque vuelva a tomar un cuerpo incorruptible, como sostenían las opiniones anteriores, sino porque este mismo cuerpo, ahora corruptible, se hará incorruptible». El cuerpo corruptible no se convertirá en espíritu, ni en substancia aérea, ni en cuerpo celeste, sino que, al mismo cuerpo, Dios hará que se incorruptible.

Desde esta tesis sobre la identidad específica de los cuerpos resucitados: «se ha de interpretar a San Pablo, que dice: «la carne y la sangre no pueden poseer el reino de Dios». Significaría que en el estado de los resucitados se quitará la corrupción de la carne y de la sangre, permaneciendo, no obstante, la substancia de las mismas. Por eso añade: «ni la corrupción poseerá la incorruptibilidad» (1 Cor 15, 50)»[6].

La interpretación de este pasaje la desarrolla Santo Tomás al comentar la epístola al que pertenece. Después de citarlo indica que: «Lo cual no debe entenderse como algunos herejes que dicen que no resucitarán carne y sangre según la substancia, sino que todo el cuerpo o se convertirá en espíritu o en aires, lo cual es herético y falso; porque San Pablo dice que nuestro cuerpo se conformará con el cuerpo glorioso de Cristo. Así es que, tal como Cristo tuvo después de la resurrección carne y sangre, como dice San Lucas: «tocad y ved que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo» (Lc 24, 39), es claro que también nosotros tendremos carne y sangre en la resurrección».

Sin embargo: «no se debe entender que la carne y la sangre, o sea, la substancia de la carne y de la sangre, no poseerán el Reino de Dios, sino que los entregados a las obras de la carne y de la sangre, o sea, los hombres dados a los vicios y a los placeres no poseerán el Reino de Dios. Y así es como se entiende la palabra carne, o sea, el hombre que vive carnalmente»[7].

1412–¿El cuerpo y la sangre de Cristo tienen relación con la resurrección de nuestra carne y sangre que resucitarán?

–Hay una relación de nuestro cuerpo resucitado con la Eucaristía, que contiene el cuerpo y la sangre de Cristo. Santo Tomás refiere muchos efectos que produce la Eucaristía en el alma y el cuerpo. Explica en la Suma teológica que: «el efecto de este sacramento se debe considerar primera y principalmente por razón de lo que contiene, que es Cristo, quien, así como cuando vino visiblemente al mundo le trajo la vida de la gracia. Según aquello: «la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo» (Jn 1, 17), así también, viniendo al hombre sacramentalmente le da la vida de la gracia».

También por ser la Eucaristía «representación de la pasión del Señor (…) los efectos que la pasión hizo en el mundo los hace este sacramento en el hombre». Sobre estos dos efectos, que enumera Santo Tomás, afirmaba el tomista Antonio Sauras que: «las dos afirmaciones (…) la primera, (..) que lo que fue Cristo encarnado para la vida del mundo es Cristo sacramental para la vida de cada hombre; y la segunda, que los efectos que en el mundo produjo la pasión los produce la Eucaristía en cada uno de los que la reciben», prueban que la Eucaristía debe considerarse como «sacramento supremo y general»[8].

Notaba el profesor Sauras que también: «es necesario concluir que la Eucaristía es un sacramento general», porque «contiene lo de todos, hace lo de todos, actúa en todos. No se compara con ellos como uno de tantos sólo, sino, además, como el primero, principal y universal»[9].

En tercer lugar, indica Santo Tomás que: «se considera el efecto de este sacramento por el modo como se da; se da a manera de comida y de bebida. Y sí, todo lo que hacen el manjar y la bebida materiales en la vida corporal, como sustentar, aumentar, reparar y deleitar, lo hace este sacramento en la vida espiritual»[10]. Por ello: «se lee en San Juan: «Si alguno come de este pan vivirá para siempre» (Jn 6, 52). Siendo la vida eterna la vida de la gloria, ésta es efecto del sacramento»[11]

Se explica que el efecto de la Eucaristía sea la vida eterna y la gloria porque: «en este sacramento se pueden considerar aquel de quien procede el efecto, Cristo, en él contenido, juntamente con su pasión representada; y aquello por lo que el efecto se produce, el uso y las especies sacramentales. Por los dos aspectos es propio de este sacramento causar la consecución de la vida eterna».

Es innegable por el primero, porque: «Cristo con su pasión nos abrió las puertas de la vida eterna. Por eso se dice que: «Es el mediador de la nueva alianza, para que, por su muerte reciban los llamados la promesa de la herencia eterna» (Hb, 9, 15). Por lo que en la forma de este sacramento se lee: «Este es el cáliz de mi sangre, de la nueva y eterna alianza».

Por el segundo, igualmente, porque: «el sustento de la comida espiritual y la unidad significada por las especies del pan y del vino, ya se obtienen en la vida presente, aunque de modo imperfecto. Pero se obtendrán de modo perfecto en la gloria. Por lo que San Agustín, comentando las palabras «mi carne es verdadera comida» (Jn 6, 56) dice: «los hombres desean la comida y la bebida para no tener hambre y para no tener sed. Pero esta hartura, en realidad no la otorgan más que esta comida y esta bebida que convierten a sus consumidores en inmortales e incorruptibles en la sociedad de los santos, donde habrá paz y unidad plena y perfecta» (Com. S Juan, 6, 26, trat. 26)»[12].

En este mismo lugar dice San Agustín: «Nuestro Señor nos entregó su cuerpo y su sangre en unos elementos que se reagrupan en un solo ser a partir de muchos, porque uno, el pan, es un solo ser procedente de muchos granos; y el otro, el vino, es un sólo líquido procedente de muchos racimos» Y un poco antes había escrito: «Oh sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad[13]».

Precisa Santo Tomás que: «como la pasión de Cristo, por cuya virtud obra el sacramento, es causa suficiente de la gloria, mas no de suerte que inmediatamente seamos introducidos en ella, sino que es menester «padecer juntamente con Cristo», para ser después «con Él glorificados» (Rm 8, 17), así este sacramento no nos introduce inmediatamente en la gloria, sino que nos da la capacidad de entrar en la gloria. Por eso, se le llama viático, del que tenemos una figura en el siguiente pasaje del libro de los Reyes, donde se lee que Elías: «comió y bebió y caminó con la energía de aquella comida durante cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, en Horeb (1 Re 19, 8)»[14].

Por estas razones, considera Santo Tomás, en la Suma teológica, que puede afirmarse que la Eucaristía es prenda o garantía de la resurrección, como otro de sus efectos. El Dr. Sauras sintetizaba así las argumentaciones de Santo Tomás: «La gracia cristiana conduce al hombre a la vida inmortal; como el cristiano ha de morir, hemos de concluir que le conduce resucitándole. Y como la parte vivificadora de la gracia procede de la Eucaristía (…) se sigue que es la Eucaristía el principio sobrenatural del que procede la resurrección».

Advertía que: «la tendrán todos, los buenos y los malos, los cristianos y los no cristianos. Pero todos resucitarán por obra y gracia del Redentor; por efecto de la redención, que en un grado u otro a todos llega»[15]. No obstante, la resurrección gloriosa, efecto de la Eucaristía, no es para todos, sino sólo para los bienaventurados.

1413. –¿La consideración del Sacramento de la Eucaristía como vía para la resurrección sólo se encuentra en la «Suma Teológica»?

–Mientras Santo Tomás preparaba estos últimos capítulos de la Suma contra los gentiles, Urbano IV le encargó la redacción de la liturgia de la festividad del Corpus Christi, que acababa de establecer el Papa. Entre la antífonas que preparó, se encuentra la siguiente, una de las más conocidas: «¡Oh Banquete sagrado, en que se recibe a Cristo, en que se conmemora su Pasión, en que el alma es colmada de gracia, y en que se nos da una prenda de la gloria futura»[16].

En el concilio de Trento, en el Decreto sobre la Eucaristía, se dice que Cristo: «quiso también que fuese este Sacramento una prenda de nuestra futura gloria y de la felicidad eterna»[17].

En el Catecismo de Trento se indica además que: «Comprendiendo en una palabra todos los efectos y beneficios de este Sacramento, diremos que la Sagrada Eucaristía tiene suma virtud para alcanzarnos la gloria». Lo confirma con la referencia al articulo citado de la Suma teológica (III, q. 79, a. 2), y da la siguiente razón: «porque está escrito: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, yo le resucitaré en el último día» (Jn 6, 54). Quiérese decir que los fieles mientras viven en este mundo, por la gracia de este Sacramento disfrutan de suma paz y tranquilidad de conciencia; reanimados después con su virtud suben a la gloria y bienaventuranza eterna, a la manera de Elías, quien fortalecido con el pan cocido debajo de la ceniza, anduvo cuarenta días y cuarenta noches, hasta llegar a Horeb, monte de Dios, cuando se le acercó el tiempo de salir de esta vida».

Es muy cierto, se añade que: «fueron muy dichosos aquellos, en cuyas casas fue recibido Cristo siendo mortal, o los que recobraron la salud tocando su vestido, o la orla de éste; mucho más dichosos y felices somos nosotros, a cuyas almas no se desdeña de venir, estando adornado de gloria inmortal, para sanar todas sus llagas, y para unirlas a sí mismo, enriquecidas con preciosísimos dones»[18].

1414. –¿Es también doctrina común entre los teólogos?

–Entre los teólogos que destacan la relación entre la Eucaristía y la resurrección, puede citarse a John Henry Newman. En uno de sus sermones, dedicado a la resurrección del cuerpo, destaca estas palabras de Cristo: «En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, yo le resucitaré en el último día»[19].

Desde este pasaje Newman infiere los efectos que obra en nosotros este «sagrado alimento» El primer efecto es ser un alimento para la inmortalidad. «Es la semilla en nosotros de la vida eterna, el alimento de inmortalidad, que preserva nuestro cuerpo y nuestra alma en la vida perdurable. El fruto prohibido obró en Adán para la muerte; pero este fruto nos hace vivir para siempre».

El segundo es que proporciona eterna energía o vigor. «El pan nos sostiene en esta vida temporal. El pan consagrado es el medio de eterno vigor para el alma y el cuerpo. ¿Quién podría vivir esta vida visible sin alimento terreno? De modo semejante la Cena del Señor es el medio de nuestra vida para siempre. No tenemos razones para pensar que viviremos para siempre a menos que participemos en ella, igual que no podemos pensar que nuestra vida temporal se mantendrá sin comida ni bebida»[20].

El tercer efecto es que sacralizan nuestro cuerpo. «Comemos el pan consagrado y nuestros cuerpos se vuelven sagrados; no son nuestros, son de Cristo. Se encuentran penetrados de aquella carne que no conoció la corrupción; están inhabitados por su Espíritu, se hacen inmortales, mueren sólo aparentemente, por así decirlo, y por un tiempo. Una vez terminado su sueño, dan como un salto y reinan con Él para siempre»[21].

1415. –¿Indica Newman si se encuentran antecedentes de esta doctrina en las religiones paganas?

Advierte también Newman queesta visión cristiana, «que la luz clara del Evangelio nos da», es muy distinta de la del paganismo. «Lo normal entre los sabios paganos es dar poca importancia al cuerpo mortal y hablar de él con desprecio. No poseían ciencia mejor. Casi no lo consideraban parte del ser humano y pensaban que sin él mejoraría la condición del hombre. Es más, pensaban que el cuerpo era la causa de su pecados, como si el alma fuera pura y el cuerpo un elemento sucio y basto que contamina al alma».

Por consiguiente: «el gran anhelo de los paganos respecto a la muerte era liberarse del cuerpo. Al sentirse llenos de pecado sin saber cómo, echaban la culpa al cuerpo; lo que si sabían era que esta vida estaba llena de inconvenientes, de ahí que pensaran en la muerte como en un cambio a mejor. No es que albergasen la esperanza de un retorno a un Dios y Padre, pero imaginaban un estado sin ataduras terrenas que les concedía ilimitada libertad»[22].

Queda confirmada esta diferencia esencial entre la visión pagana y la explicación cristiana en un pasaje del Evangelio, que cita las siguientes palabras de Cristo: «Y que los muertos hayan de resucitar lo demostró también Moisés, cuando junto a la zarza llamó al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque todos están vivos para Él»[23].

La resurrección de los cuerpos, según la explicación de Cristo, queda afirmada e incluso probada en este pasaje de la Escritura a que se refiere: «Dijo (Dios): «Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob»[24].

1416. –¿Por qué queda demostrada la resurrección de los cuerpos con las palabras de Cristo citadas (Lc 20, 37-38)?

–La explicación que da Newman de ello parte del siguiente hecho: «Dios habló a Moisés en la zarza ardiente y se llamó a Sí mismo el «Dios de Abraham»; y Jesucristo nos dice que en este sencillo anuncio se contiene la promesa de que Abraham resucitará de entre los muertos»[25].

Seguidamentenota, sobre el sentido de esta promesa de Cristo de la resurrección, que: «cuando Dios se llamó a Sí mismo el Dios de Abraham, Isaac y Jacob quería decir que aquellos santos patriarcas se encontraban vivos todavía, a pesar de no hallarse en la tierra. Lo cual puede parecer evidente a primera vista; pero cabe preguntarse qué pruebas hay en el texto de que sus cuerpos vivirán, porque si sus almas viven aún, basta este hecho para explicar que en el Libro del Éxodo se les siga llamando siervos de Dios».

Puede responderse que: «Nuestro Señor parece decirnos que, de algún modo, el cuerpo de Abraham podría considerare vivo todavía como prenda de su resurrección, aunque estaba muerto en el sentido normal de la palabra. Su anuncio declara que Abraham resucitará de entre los muertos, porque en realidad está vivo todavía. No puede en último término quedar sujeto al poder del sepulcro, igual que no se puede impedir a un hombre dormido que despierte. Abraham sigue vivo aún en el polvo, aunque no ha resucitado de él, Vive porque todos los santos de Dios viven para Él, aunque parezcan morir»[26].

1417. –¿Cómo se puede estar muerto y vivo a la vez?

Reconoce Newman que: «quizás resulte paradójico decir que nuestros cuerpos, aunque estén muertos, viven». La extrañeza desaparece, si se tiene en cuenta que: «hablamos del cuerpo como si supiéramos lo que es y cómo es, cuando en realidad sólo sabemos lo que nuestros ojos nos dicen. El cuerpo parece crecer, madurar y decaer, pero en definitiva no sabemos de él sino lo que perciben nuestros sentidos, y sin duda Dios ve en nuestro organismo físico mucho más que nosotros no podemos ver. Nos falta un conocimiento directo de lo que podríamos llamar la existencia substantiva del cuerpo; sólo captamos sus accidentes»[27]. Indirectamente podemos conocer la substancia, pero de un modo parcial.

Nota además que: «hablamos también de alma y cuerpo como si estuviéramos en condiciones de distinguirlos perfectamente y lo supiéramos todo de una y otro. La mayor parte de las veces, sin embargo, usamos las palabras sin saber del todo lo que decimos». Con el lenguaje de Santo Tomás, se dirá que empleamos los términos metafísicos en sentido analógico. Precisa Newman que: «es útil, desde luego, establecer esa distinción, y la Sagrada Escritura también lo hace; pero en último término, el Evangelio habla de nuestra naturaleza en sentido religioso, como una. Alma y cuerpo forman una persona, que nace una vez y ya no muere».

En cambio: «los antiguos filósofos pensaban que el alma vivía quizás para siempre y que el cuerpo perecía en la muerte; pero Cristo nos dice otra cosa: nos dice que el cuerpo vivirá siempre. En el texto citado parece sugerirse que nunca muere realmente, que dejamos de ver lo que nosotros estamos acostumbrados a ver, pero que Dios continúa viendo los elementos que no están al alcance de nuestros sentidos».

En el pasaje bíblico citado: «Dios se llama misericordiosamente a Sí mismo el Dios de Abraham. No dice el Dios del alma de Abraham, sino simplemente de Abraham. El bendijo a Abraham y le concedió la vida eterna; no solamente a su alma sin su cuerpo, sino a Abraham como hombre completo».

Puede sostenerse, por ello, que: «Él es nuestro Dios, de modo que no nos es dado distinguir entre lo que hace a favor de nuestras diferentes naturalezas, espiritual y material. Son meras palabras. Cada uno siente que es un ser único, y ese ser único en todos sus aspectos substanciales y atributos nunca morirá»[28]. Santo Tomás diría que cada uno tiene un ser personal, único e irrepetible, que da actualidad al alma y al cuerpo, y del que tiene conciencia inmediata de su existencia.

1418. –¿Cuál es la enseñanza práctica de este comentario de Newman sobre la Eucaristía y la resurrección?

–Newman termina su exposición con una consecuencia: al participar de la Eucaristía el cristiano «honra su propio cuerpo como algo santo para el Señor». Por ello:

«rogamos a Dios que «nuestros cuerpos pecadores se purifiquen mediante su Cuerpo» y en la Sagrada Escritura se nos promete que nuestros cuerpos serán «templos del Espíritu Santo» ¡Cómo debemos procurar apartarlos de todo pecado, para que sean verdaderos miembros de Cristo! Se nos dice que un peligro de enfermedad y muerte espera al que participa indignamente de la Cena del Señor»[29].

Se refiere Newman a estas palabras de San Pablo: «el que coma este pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Por tanto, examínese cada cual a sí mismo; y coma así de aquel pan y deba del cáliz. Porque el que come y bebe indignamente, come y bebe su propia condenación, no haciendo discernimiento del Cuerpo del Señor. Por esto hay muchos enfermos y débiles entre vosotros y mueren bastantes»[30].

Al comentar este pasaje decía Santo Tomás que se come y bebe indignamente: «si alguien se acerca a comulgar con voluntad de pecar mortalmente; pues, como dice el Levítico: «ninguno que tenga mancha ha de acercarse al altar» (Lev 21, 16). En tanto que uno se halla con voluntad de pecar tiene mancha de pecado; voluntad y mancha que quita la penitencia: por la contrición, con propósito de confesarse y satisfacer, cuanto a la remisión de la culpa y de la pena eterna; y por la confesión y satisfacción, cuanto a la remisión total de la pena y reconciliación con los miembros de la Iglesia».

Como consecuencia: «En caso de apremio, cuando alguno, por ejemplo, no puede haber fácilmente un confesor a la mano, para recibir este Sacramento es suficiente la contrición. Pero por lo regular debe siempre preceder, seguida alguna satisfacción, la confesión».

Precisa Santo Tomás que: «Esto que digo se entiende de aquel cuya conciencia no gravan pecados capitales y mortales; porque después del bautismo, al que así sea halle gravado con el peso de mortales crímenes lo exhorto primero a satisfacer con pública penitencia; y hecha ya esta diligencia, absuelto y reconciliado, a juicio del sacerdote, recibir la comunión, si para condenación no quiere, en caso contrario, comulgar la Eucaristía»[31].

En el Concilio de Trento se decreto sobre esta doctrina que: «para que no se reciba indignamente tan grande Sacramento, y por consecuencia para muerte y condenación, establece y declara este santo Concilio que los que se sienten gravados con conciencia de pecado mortal, por muy contritos que se consideren, deben necesariamente hacer previa confesión sacramental, habiendo facilidad de confesor»[32].

En el Catecismo del Concilio de Trento se explicó sobre este modo de recibir la Eucaristía que: «unos reciben sólo el Sacramento, como son los pecadores que no temen recibir la sagrada Eucaristía en su boca y corazón impuro». Reciben el Sacramento, con las especies consagradas con el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Cristo, pero no reciben sus efectos. «Por consiguiente, los que así dispuestos reciben la Eucaristía no sólo no sacan de ella fruto alguno, sino que, según afirma San Pablo comen y beben su propia condenación»[33].

Al que comulga en pecado mortal, a este pecado se añade otro pecado mortal por el hecho de comulgar, porque como indica Santo Tomás: «quien recibe el sacramento en pecado mortal, comete una falsedad con él, incurriendo en sacrilegio, como violador del sacramento, y así peca mortalmente»[34].

1419–¿Considera también Newman grave la comunión sacrílega?

Después de referirse al pasaje de San Pablo sobre las consecuencias de la recepción indigna de la Eucaristía, comenta Newman seguidamente: «lo cual no es de extrañar, si consideramos el gran pecado de recibirlo en un cuerpo contaminado por la desobediencia voluntaria a la gracia. Hay que eliminar todo lo que mancha, la ira o cualquier otro vicio, todo lo impropio, todo lo irrespetuoso hacia Quien ha comprado nuestro cuerpo a gran precio (1 Cor 6, 20)[35]».

Cita a continuación estas palabras de San Pablo: «Resucitado Cristo de entre los muertos, ya no muere más (…) de la misma manera también vosotros considerad que estáis muertos al pecado (…) Por tanto, que no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que obedezcáis a sus concupiscencias»[36].

También estas otras de la misma carta paulina: «Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo de entre los muertos dará vida también a vuestros cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que habita en vosotros (…) si por el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo viviréis»[37].

En la obra de nuestra redención: «hay que trabajad, por tanto, con Dios». Con el alimento que nos da con la Eucaristía, hay que prepararse para el «banquete celestial». De manera que debemos: ««discernid el Cuerpo del Señor» (1 Cor 11, 29) cuando se coloca delante de vosotros y recibidlo después adecuadamente»[38].

Explica Santo Tomás, al comentar este último pasaje, después de citar lo que dice el Señor: «los que hicieron malas obras resucitarán para ser condenados»[39], que: «hay que discernir de otros cuerpos el del Señor» y, no, por ello: «tomándolo de manera indiferente como otro manjar cualquiera. Se lee en la Escritura: «Todo aquel que siendo inmundo tocare las cosas consagradas y ofrecidas al Señor perecerá» (Lv 22, 3)»[40].

Concluye Newman con esta exhortación sobre el sacramento de la Eucaristía: «atesorad año tras año en vosotros esta semilla de vida y mantened la fe en que un día producirá fruto. «Creed que ya lo recibisteis y se os concederá» (Mc 11, 24). Gloriosa será en verdad la primavera de la Resurrección cuando todo lo que parecía seco y marchito brote y florezca. Las cosas recibirán la gloria del monte Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarón. El abeto surgirá en vez del espino y el almendro en vez del rastrojo. Las montañas y colinas romperán a cantar (Cf. Is 35, 2)».

Se pregunta finalmente: «¿Quién querría no encontrarse en semejante compañía?». En cambio: «Desgraciados serán entonces quienes ahora disfrutan, por un momento, de los goces del pecado; desgraciados que siguen su voluntad egoísta en vez de caminar por la fe; que viven ociosos en vez de intentar servir a Dios; que se afanan tras las vanidades de este mundo y desprecian la religión, o no les importa caer en pecado; que viven instalados en la ira, la malicia, el amor propio, la avaricia; que no se esfuerzan por ser mejores y más santos; que temen, en fin, manifestarse cristianos, tomar su cruz y seguir a Cristo»[41].

Eudaldo Forment


[1] Santo Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles, IV, c. 84

[2] ÍDEM, Suma teológica, I, q. 78, a. 3, ad 3.

[3] Ibíd., I, q. 78, a. 3, ob 3.

[4] Ibíd., I, q. 78, a. 3, ad 3.

[5] ÍDEM, Suma contra los gentiles, IV, c. 84.

[6] Ibíd., IV, c. 85.

[7] ÍDEM, Comentario a la Primera Epístola a los Corintios, c. 15, lec. 7

[8] Antonio Sauras, O.P., Introducciones y notas al “Tratado de la Eucaristía” de la “Suma teológica”, en Suma teológica de Santo Tomás de Aquino, ed. Bilingüe, Madrid, BAC, 1947-1960, 16 vols., Introd. q. 79 (III), v. 13, pp. 668-689, p. 671.

[9] Ibíd., p. 672.

[10] Santo Tomás de Aquino, Suma teológica, III, q. 79, a. 1, in c.

[11] Ibíd., III, q. 79, a. 2, sed c.

[12] Ibíd., III, q. 79, a. 2, in c.

[13] San Agustín, Tratados sobre el Evangelio  de San Juan, trat. 26.

[14] Santo Tomás de Aquino, Suma teológica, III, q. 79, a. 2, ad 1.

[15] Antonio Sauras, O.P., Introducciones y notas al “Tratado de la Eucaristía” de la “Suma teológica”, op. cit., p. 687.

[16] ÍDEM, Oficio de la Fiesta del Cuerpo de Cristo, Ad Magnificat. Antiph.

[17] Concilio de Trento, Decreto sobre el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, c. 2.

[18] Catecismo de Trento, II, c. 4, n. 54.

[19] Jn 6, 53-54

[20] John Henry Newman, Sermones parroquiales, Madrid, Ediciones Encuentro, 2007-2015, 8 vv.,  v. 1, Sermón 21, pp. 257-265, p. 260.

[21] Ibíd. pp. 260-261.

[22] Ibíd., p. 261.

[23] Lc 20, 37-38.

[24] Ex 3, 6. «Dijo Dios de nuevo a Moisés: “Esto dirás a los hijos de Israel: El Señor Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob me ha enviado a vosotros (…) Anda y congrega a los ancianos de Israel y les dirás: El Señor Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob…» (Ex 3, 15-16).

[25] John Henry Newman, Sermones parroquiales, op. cit., p. 257.

[26] Ibíd., pp. 258.

[27] Ibíd., pp. 258-259.

[28] Ibíd., p. 259.

[29] Ibíd., p. 264.

[30] 1 Cor 11,  27-30.

[31] Santo Tomás de Aquino, Comentario a la Primera Epístola a los Corintios, c. XI,   lec. VII. En el actual Código de Derecho canónico se dice: «Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave, no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya posibilidad de confesarse; y en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes» (c. 916). El motivo grave podría ser para el sacerdote el dejar a los fieles sin Misa y para los laicos el peligro de muerte.

[32] Concilio de Trento, Decreto sobre el santísimo Sacramento de la Eucaristía, can. XI.

[33] Catecismo del Concilio de Trento. II, c. 4, n. 55.

[34] Santo Tomás de Aquino, Suma teológica, III, q. 80, a. 4, in c.

[35]  John Henry Newman, Sermones parroquiales, op. cit., p. 264.

[36] Rm 6, 9-12.

[37] Rm 8, 11-13.

[38] John Henry Newman, Sermones parroquiales, op. cit., p. 265.

[39] Jn 5, 29.

[40] Santo Tomás de Aquino, Comentario a la Primera epístola a los Corintios, c. XI, lec. 7.

[41] John Henry Newman, Sermones parroquiales, op. cit., p. 265.

de interés: entrevista de andrea cionci al profesor d.antonio sánchez sáez

Hace unos días publicamos una entrevista con el prof. Antonio Sànchez Sáez, Catedrático de Derecho de la Universidad de Sevilla (fundada en 1505) que explicaba, junto con la abogada Estefanía Acosta, cómo y por qué la Declaratio de 2013, como acto de renuncia al papado de Benedicto XVI, es inválida . Esto fue posible gracias a los testimonios corroborantes de dos canonistas pro-Bergoglio, mons. Giuseppe Sciacca (Secretario de la Signatura Apostólica) y la profesora Geraldina Boni (Universidad de Bolonia). No sólo no se ha desmentido mi informe, sino que anteayer se conoció la noticia de que el Vaticano ha reconocido que no es posible que exista un papa emérito. Esto parece confirmar lo afirmado hace unos días por el prof. Sànchez: el supuesto «papado emérito» era una pantalla detrás de la cual Benedicto XVI continuó, durante ocho años, siendo el papa reinante y desempeñando el papel de «Katejon» Ahora hemos preguntado al mismo jurista qué escenarios se perfilan para el «después de Ratzinger» y/o el «después de Bergoglio». Las posibilidades son dramáticas. Si quieres leer un resumen, puedes saltar inmediatamente a las conclusiones al final del artículo.

Q. De Mons. Sciacca y del Prof. Boni no hubo respuesta: ¿es esto normal?

A. En el ámbito académico, normalmente, se prevé un tiempo razonable para la respuesta de la contraparte, teniendo en cuenta que las revistas jurídicas tienen plazos bastante largos para la admisión de los originales. Pero en el caso de los medios no académicos (como en este caso) normalmente la respuesta ya habría llegado. Lo que está comúnmente establecido entre nosotros los universitarios es que «quien calla, otorga».

Q. Pero vayamos directamente al meollo de la cuestión: ¿Qué pasaría si Francisco nos dejara o dimitiera antes de la salida de Benedicto XVI?

A. Como hemos ilustrado sin ser desmentido, la renuncia de Benedicto XVI es nula y sigue siendo el único Papa reinante. Actualmente se da la situación de un «IMPEDIDOR», prevista por el Código de Derecho Canónico (art. 412 y ss.), que se refiere a los casos en los que, «por prisión, relegación, exilio o incapacidad» el papa está totalmente incapacitado para ejercer sus funciones, como Benedicto XVI en la actualidad.

Q. . Basta decir que, en 2012, despidieron al presidente del IOR Ettore Gotti Tedeschi sin que el Papa Ratzinger lo supiera. Se enteró por la televisión, según informaron los medios de comunicación.

A. Según el Código, se deben observar las prescripciones de las «leyes especiales dadas para estos casos» En cualquier caso, la salida de Bergoglio no daría lugar a una sede vacante ni a la convocatoria del cónclave, porque el Papa (Benedicto XVI) sigue vivo y nunca ha abdicado (can. 153). No creo que Bergoglio renuncie, pero si esto sucediera no cambiaría su condición de antipapa y usurpador, ni la de Benedicto, el papa reinante.

Q. Pero, ¿y si Benedicto dejara este mundo antes que Francisco?

A. En este caso, la sede quedaría vacante (can. 335) y un «pequeño remanente fiel» tendría que elegir un nuevo papa, en el exilio, quizás ya en ese momento muy perseguido por la falsa Iglesia oficial, que había caído en la apostasía. El sucesor de Benedicto XVI sería un contemporáneo del antipapa Bergoglio, que dirigirá la falsa iglesia mundial ecuménica, una iglesia sin dogma, sin transubstanciación, donde se habrá abolido el sacrificio perpetuo, unido al mundo y al resto de confesiones religiosas, (la misa en latín ya ha sido abolida). Por otra parte, sólo el pequeño remanente fiel que seguirá al nuevo Papa verdadero será la auténtica Iglesia católica».

Q. Muchos piensan que sólo se trata de esperar a que Francisco salga de escena para «arreglar las cosas» y elegir un papa que ponga las cosas en su sitio.

A.Se trata de un ENORME ERROR, de calado histórico, que continuará la línea de sucesión antipapal de Bergoglio. De hecho, si se acude al cónclave nulo (ya que por can. 126 hubo un error sustancial en la renuncia de 2013 y en la posterior sede vacante) con unos 80 cardenales inválidos nombrados por el antipapa, sólo se elegirá otro antipapa, y luego otra vez, y otra. (Canon 174 § 2: si los cardenales presentes no fueron elegidos válidamente, la votación es nula). – Todo el proceso de elección papal está regulado en la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, aprobada por Juan Pablo II. Léala.

Q. Pero, entonces, ¿por qué gran parte del mundo tradicionalista critica ferozmente a Bergoglio, sin dejar de reconocerlo como un Papa legítimo?

A. ES EL MEJOR FAVOR QUE PUEDEN HACERLE: demuestran al mundo que incluso los más acérrimos opositores a Bergoglio le reconocen como papa y que, por tanto, su legitimidad no está en cuestión. Como prueba, Bergoglio es completamente impermeable a tales ataques, pero reacciona con furia, excomulgando sin proceso canónico sólo a los eclesiásticos que no lo reconocen como papa, a los que ponen el dedo en la llaga: su ilegitimidad. Los que critican a Bergoglio, pero lo consideran papa, no sólo dan escándalo (si fuera el papa habría que obedecerle porque estaría asistido por el Espíritu Santo incluso en la actividad ordinaria, como dice el art.892 del Catecismo), sino que sobre todo TRABAJAN INCONSCIENTEMENTE PARA GARANTIZAR LA SUCESIÓN ANTIPAPAL. Muchos de estos críticos, laicos y religiosos, de perfecta buena fe, se hacen la ilusión de que criticando tan ferozmente a Bergoglio pueden persuadir al próximo cónclave (falso) para que elija a un papa de la Tradición. Esto ya es completamente improbable dada la mayoría absoluta de cardenales bergoglianos, pero incluso si, por pura casualidad, se eligiera a un tradicionalista (como, por ejemplo, el cardenal Burke o el arzobispo Viganò), seguiría siendo un antipapa, elegido por un cónclave inválido y, por tanto, privado de la asistencia del Espíritu Santo.

Q. ¿Un poco como en 1138 cuando el antipapa Anacleto II fue sucedido por el antipapa Víctor IV después de ocho años de reinado?A. Ciertamente: el antipapa Anacleto II reinó como presunto papa en el Vaticano durante varios años, hasta su muerte, con el consentimiento del pueblo romano. Igual que ocurre ahora. Pero la acción decisiva de San Bernardo de Claraval, que apoyó firmemente al papa legítimo, Inocencio II, y denunció la usurpación del papado por parte de Anacleto II, hizo que, tras su muerte, su sucesor, el antipapa Víctor IV, colocara su tiara frente al papa Inocencio II. Este cisma duró 8 años.Algo similar ocurrió en el siglo XIV, cuando Santa Catalina de Siena apoyó a Urbano VI, frente al antipapa Clemente VII, que fue elegido de forma no canónica, como lo es ahora Bergoglio. La intervención de los santos fue decisiva para aclarar quién era el verdadero papa, cuando esto era objeto de controversia. Todavía hoy tenemos sacerdotes valientes que denuncian el tema, pero no son escuchados.

Q. Así que, en la práctica, Benedicto separó para siempre las líneas sucesorias: la suya es papal y la de Bergoglio es antipapal. Ahora el Vaticano admite que el instituto del papa emérito no existe y trabaja para arreglar las cosas. ¿Podrían convencer a Benedicto, de 94 años, de que declare algo para sanar su renuncia inválida?

A. No. Dado que la renuncia de Benedicto XVI fue nula, su actitud actual o futura es casi irrelevante, en el sentido de que el acto que pretendía ser una renuncia es nulo independientemente de que Benedicto reconozca que es el papa reinante y no Bergoglio. Es decir, en este momento BENEDICTO XVI ES EL PAPA, QUIERA O NO. Y Bergoglio es un antipapa. Punto. Esto seguirá siendo así incluso después de la muerte de Benedicto y nada podrá cambiarlo a posteriori. Hoy el Papa Ratzinger podría hacer unas declaraciones diciendo que él es el Papa, o que el Papa es Bergoglio. En ambos casos seguiría siendo el papa, porque LA NULIDAD DE LA RENUNCIA ACTÚA POR SÍ MISMA, INDEPENDIENTEMENTE DE LO QUE PUEDA DECIR AHORA. La misma autoridad del papa está sujeta al derecho canónico, si no lo cambia de antemano. Seguro que una declaración del Papa Ratzinger en una rueda de prensa pública y abierta confirmando una renuncia especialmente inválida ayudaría mucho, pero no sé si al final lo hará. En cualquier caso, casi todos los actos eclesiásticos emitidos por Bergoglio en estos 8 años, como la creación o nombramiento de cardenales, serían nulos, al igual que sus encíclicas, las modificaciones del Catecismo, las modificaciones del Magisterio, etc. Sólo serían válidos los actos de administración ordinaria, en los que «Ecclesia supplet». Benedicto XVI podría sanar la nulidad de algunos actos nulos de Bergoglio si quisiera confirmarlos, pero sólo él podría decir cuáles. Por poner un ejemplo, podría confirmar el cardenalato inválido conferido por Bergoglio sólo a aquellos obispos que se muestren fieles ayudando a denunciar al antipapa.

Q. Una buena estrategia de salida, en este momento, para Bergoglio, podría ser dimitir, para derribar las disputas sobre la dimisión de Ratzinger y continuar la línea antipapal con un cónclave de 80 cardenales inválidos «suyos», ¿no?A. Una vez acorralado, sería lo único que podría hacer para al menos salvar su línea sucesoria antipapal y completar su obra. Pero como dije arriba, no creo que Bergoglio renuncie, porque nunca ha renunciado a ejercer el poder. Si leen «La Iglesia traicionada», de Antonio Caponnetto, o «El verdadero Francisco», de su amigo y periodista Omar Bello, comprenderán hasta qué punto esto es cierto.Pero cada vez más gente se da cuenta de que Benedicto XVI sufrió un golpe de estado por parte de la masonería eclesiástica y civil y que declaró una renuncia inválida y nula, para seguir siendo efectivamente Papa. El Katejon se quedó, dejando la sede estéril, pero ejerciendo el papado, no sólo con la oración y el sufrimiento, sino también bloqueando al usurpador a través de entrevistas y libros, como el que escribió recientemente con el cardenal Sarah y que impidió que Bergoglio aprobara la ordenación de viri probati en el Sínodo de Amazonas. En otros discursos defendió la presencia real y sustancial de Cristo en la Eucaristía, dijo que el diálogo nunca puede sustituir a la misión, defendió la Veritatis splendor del Papa Wojtyla frente a la situación moral de Amoris laetitia o afirmó que la crisis de los abusos sexuales a menores deriva de la apostasía de la Verdad, etc».

Q. Algunos clérigos han entendido que la renuncia no es válida y que Benedicto sigue siendo el único Papa, pero desesperan de que se pueda hacer algo. ¿Es realmente así?

A. Aparte de algunos cardenales, obispos y sacerdotes que aún no han entendido, otros callan por respeto humano y otros por cobardía. Sin embargo, una vez que se han informado y rechazan la realidad objetiva, asumen una enorme responsabilidad espiritual. En efecto, no hay mayor escándalo que consentir la mentira -en este caso fatal para la Iglesia canónica- ni mayor caridad que decir siempre la verdad (veritas summa charitas est). Pero si los cardenales siguen callando, hablarán las piedras, es decir, los laicos que aman la Verdad sobre todas las cosas. De hecho, el debate ya ha comenzado y no se puede seguir ocultando. Bergoglio se ha pasado 8 años destruyendo la fe y la moral de la Iglesia, escandalizando a los más pequeños y uniéndolos al Nuevo Orden Mundial masónico y anticristiano. Esto hace que muchos se pregunten ahora si es el verdadero papa o no, sobre todo cuando ven a Benedicto XVI vestirse de papa, firmar P.P., dar la bendición apostólica y, sobre todo, corregir a Bergoglio.

Q. ¿Quién debería tomar la iniciativa, algún cardenal?

A. Cuando un antipapa ha ocupado la sede de Pedro o se ha cuestionado al verdadero Papa, las cosas nunca han sido fáciles de resolver. La solución fue promovida a veces por reyes y emperadores que apoyaron, por la fuerza de las armas, al auténtico papa. O bien, la solución llegó a través de un concilio ecuménico, como el de Constanza, que cerró el cisma de Occidente. A veces bastaron sínodos, como los de Reims y Piacenza, que reafirmaron al verdadero papa, Inocencio II, frente al antipapa Anacleto II.Por supuesto, ahora no tenemos reyes católicos ni emperadores romano-germánicos que intervengan en las armas. La única solución sería un Concilio Ecuménico. De lo contrario, los cardenales actuales tendrán que aceptar una tras otra las etapas del proceso de desintegración y mutación del catolicismo hasta que tengan que ser excomulgados, so pena de encontrarse ya no católicos.

Q. Sin un sínodo, la Iglesia católica tendría que resurgir de la nada, de forma catacumba y clandestina, tal como profetizó el Papa Ratzinger, abandonando la sede del Vaticano como la cáscara seca de una crisálida…

A. Sí. Ese pusillus grex (pequeño rebaño) será perseguido por el mundo y por la falsa Iglesia católica que sigue al falso papa. Lo mismo ocurrió con los cristianos en tiempos de Cristo y de los emperadores romanos, perseguidos por el imperio pagano y, al mismo tiempo, por los judíos, que consideraban a los cristianos como herejes. Esto volverá a suceder ahora, cuando los verdaderos católicos sean expulsados de las iglesias por oponerse a la unión de la iglesia con el mundo y el resto de las religiones. También serán perseguidos como cismáticos (por seguir a Benedicto XVI o a su sucesor) o fundamentalistas católicos.

Q. Entonces, hoy los cardenales cercanos a la tradición que no intervienen están marcando su propio destino: La labor reformadora de Bergoglio difícilmente se detendrá, ya se habla de intercomunión con los protestantes, parece que el dogma de la transubstanciación está a punto de saltar…A. Cierto. El 4 de agosto, el vaticanista Marco Tosatti informó de los rumores sobre el hecho de que Bergoglio quiere promover la intercomunión, y que por esta razón ha dado instrucciones al nuevo Secretario del Culto Divino, el arzobispo franciscano Vittorio Francesco Viola para organizar una comisión confidencial en el mes de septiembre, para que, dentro de dos meses, le informe directamente sobre los resultados del trabajo. Como vemos, la intención final sería crear una nueva liturgia ecuménica, en la que se acoja la doctrina protestante (para la que la Eucaristía es una mera comida o recuerdo de la Última Cena) y se cambien drásticamente las palabras de la consagración. PARA QUE DESAPAREZCA LA TRANSUBSTANCIACIÓN, (ya se ha insertado un extraño rocío masónico en la 2ª oración de consagración ).Todo ampliamente predicho desde los tiempos del profeta Daniel: el cese del sacrificio perpetuo. Esto demuestra una vez más que estamos en tiempos escatológicos y quién es realmente Jorge Mario Bergoglio.

CONCLUSIONES:A estas alturas la Declaratio del Papa Ratzinger ha pasado definitivamente a la historia y al derecho canónico y como renuncia al papado no es válida. Le guste o no, Benedicto XVI sigue siendo el único Papa reinante, aunque con «una sede impedida». Hoy sólo puede hacer dos cosas: o una renuncia válida, abriendo un nuevo cónclave legítimo con cardenales nombrados antes de 2013, o reanudar el ejercicio práctico del poder.Bergoglio es un antipapa (porque fue elegido por un cónclave inválido ya que la sede no estaba vacante porque Benedicto no había abdicado) y nunca podrá hacer nada para sanar esta situación. Todos los actos importantes realizados por él no son válidos, a menos que Benedicto XVI los reconfirme, a su elección, una vez que haya recuperado el poder efectivo.Si los cardenales entran en un nuevo cónclave para elegir al sucesor de Bergoglio, se elegirá a otro antipapa: toda su línea de sucesión es antipapal. La Iglesia se transformará definitivamente en una nueva iglesia no católica y globalista. Muchos cardenales ligados a la tradición serán gradualmente expulsados o tendrán que abandonarla.El próximo Papa verdadero sólo será el sucesor de Benedicto XVI y podrá ser elegido por un cónclave compuesto sólo por cardenales válidos nombrados por Benedicto XVI o Juan Pablo II.Incluso los cardenales inválidos nombrados por Bergoglio deberían aceptar la verdad y pasarse inmediatamente al lado de Benedicto, restaurándolo en el trono. Lo más probable es que sean cardenales reconfirmados por su fidelidad al legítimo sucesor de Pedro. Y la Iglesia canónica (la que conocemos) se salvará.De lo contrario, el próximo Papa verdadero tendrá que ser elegido, en situación de exilio, por el pequeño remanente fiel al Papa Benedicto XVI y la verdadera Iglesia católica, purificada, tendrá que resucitar lentamente, como en los primeros siglos del cristianismo.

sobre la cifración de algunos términos de actualidad

“vacuna”…………………………………………………64……………..2-10

“la vacuna anticovid”……………………….177……………..6-15

“marca”……………………………………………37……………..1-10

“la marca”……………………………………….50……………..1-23

“bestia”…………………………………………..58……………..2-4

“la bestia”…………………………………………71.……………..2-17

“marca de la bestia”………………………….117……………..4-9

“la marca de la bestia”………………………130……………..4-22

GARABANDAL SOBRE EL FIN DE LOS TIEMPOS Y LA LISTA DE SAN MALAQUÍAS (PUBLICADO ANTERIORMENTE CON ALGUNA VARIACIÓN EN LAS NOTAS)

De acuerdo con el mensaje de Garabandal, a la muerte de Juan XXIII quedarían 4 Papas hasta el “fin de los tiempos” (Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI). Qué es entonces el “fin de los tiempos”? Hablando en general, el intervalo temporal previo al fin del mundo. En él sitúa la Virgen tres acontecimientos principales: el “Aviso”, el “Milagro” y el “Castigo”. El primero antecede en poco tiempo al segundo (menos de un año). A éste le sigue la “gran tribulación”. La propiamente dicha, de 42 meses; o bien, si incluimos otros 42, en los que la Bestia no muestra su verdadero rostro, tendríamos que hablar de 84 meses o 7 años.

En cuanto al “Castigo”, señala el término de ese período y su duración dependerá de la actitud de la humanidad rebelde.

Si comparamos el “fin de los tiempos” (tal como lo describe la Virgen) con la lista de San Malaquías, observamos que al último Papa previo al “fin de los tiempos” le corresponde el lema “De gloria olivae”. ¿Cómo describe S.Malaquías la época siguiente?: ”In persecutione extrema S.R.E. Petrus Romanus pascet oves in multis tribulationibus, quibus transactis Urbs septicollis diruetur et Judex tremendus iudicabit populum suum”(“En la persecución extrema de la Santa Iglesia Romana ocupará la Sede Pedro el Romano, que pastoreará sus ovejas en medio de muchas tribulaciones, al término de las cuales la Urbe de las siete colinas será destruída y el Juez tremendo juzgará a su pueblo”).

Parece lógico concluir que el Papa que se sienta en el trono de Pedro durante la persecución extrema es Petrus Romanus. Puesto que dicha persecución dura poco más de 3 años y medio, el lema en cuestión no abarca el tiempo transcurrido desde la renuncia de Benedicto XVI hasta el momento actual (más de 6 años) o, en cualquier caso, prescinde de él. Será esto un síntoma de que el “pontificado” de Bergoglio no es normal? En tal caso, desde la renuncia de Benedicto estaríamos en un intervalo no abarcado por la lista en cuestión. Podría decirse también que dicho intervalo es otra expresión del “katéjon”, una especie de prolongación del pontificado de Benedicto que no entra en el tiempo normal de la historia de la Iglesia, una especie de “tiempo muerto” permitido por Dios para dar a la humanidad ocasión de arrepentimiento. Ello nos llevaría a comprender el “Aviso” de Garabandal como una culminación de ese período.

El “Aviso” consistirá, según sabemos por las videntes, en un acontecimiento por el que la humanidad se verá a sí misma ante Dios y percibirá su verdadera situación y la distancia que le separa de Él. En ese momento se proporcionará a cada persona la oportunidad para que pueda optar libremente por Dios o contra Él.

Pues bien, como decíamos más arriba, el intervalo iniciado con la renuncia de Benedicto XVI sería como una preparación para el “Aviso”, que vendría a ser como un “juicio de las naciones” que, seguido del “Milagro” (a través del cual la humanidad accede por un momento a la visión del reino de Dios), otorga a los humanos la fuerza para resistir la “Gran tribulación” que sobreviene a la tierra bajo el Anticristo.

Hay que decir que las videntes “vieron el escenario político, social y religioso del mundo y de la Iglesia en el momento del Aviso. Convulsiones sociales, el comunismo de nuevo agresivamente en alza y una Iglesia muy perseguida, a punto de perecer. Se anuncia así una purificación muy grande. Incluso se habla de una gran tribulación-no es aún el castigo tremendo del que habla la Virgen-porque llegaría un momento en que la Iglesia daría la impresión de estar a punto de perecer por una terrible prueba. Nosotras preguntamos a la Virgen cómo se llamaría a esa prueba, y Ella nos dijo que “comunismo”. (véase “Garabandal 1961-65”, de José Luis Saavedra, p.146).

Apenas es preciso decir que hoy, a diferencia de lo que ocurría en el tiempo de las apariciones, sabemos con bastante precisión a qué se refiere dicha palabra.

Así, pues, pasado el tiempo previo al “Aviso” y removido el “katéjon” u “obstáculo”, que no es otro que la existencia del Papado como tal, se iniciaría la época de las dos Bestias: la del mar o Anticristo, un líder político o “monarca universal”, y la de la tierra, el llamado “Falso Profeta” (entretanto vivimos una especie de anticipación de la misma).

Dicha época duraría 42 meses, si sólo contamos la fase final del reinado del Impío, u 84 meses (7 años) si contamos los 3 años y medio de la fase inicial o “engañosa” del reinado del Anticristo (como hacen constar, en general, los intérpretes del Apocalipsis), más los 3 años y medio de la “Gran tribulación” propiamente dicha.

Según los cálculos de Diego Tormo Gómez, basados en el lema “Axis in medietate signi” y debidamente ajustados, la lista de S.Malaquías llega aproximadamente hasta la primavera de 2031 (a este propósito, resulta cuando menos curioso que exista una agenda ONU 2030)(1). En tal caso, la época de Petrus Romanus comenzaría aproximadamente en el otoño de 2027, si asignamos al reinado de la Bestia la duración de 3 años y medio.

Por otra parte, la Virgen nos da pistas para calcular la fecha del “Milagro”. Según los cálculos de Diego Tormo Gómez, ”La Virgen, en Garabandal, al respecto del Final de los Tiempos, acotó los «años candidatos» diciendo que serían aquellos cuya festividad de un mártir de la Eucaristía debiera estar comprendida entre marzo y mayo, y entre los días 6 y 16. Según Tormo Gómez, los únicos casos posibles serían: san Estanislao [11 de abril], san Hermenegildo [13 de abril] y san Pancracio [12 de mayo]); además, según la Virgen, necesariamente, al menos uno de ellos debería caer en jueves. Las fechas inmediatas que cumplen con los requisitos son las siguientes:

   12 de mayo de 2022.

   13 de abril de 2023.

   11 de abril de 2024.

   13 de abril de 2028.

   11 de abril de 2030.

   12 de mayo de 2033.” (2)

Por tanto, el pontífice Petrus Romanus ocuparía la sede de Pedro entre los años 2027 y 2031. Para mayor precisión, quizá convenga recordar una indicación de Lucía, la vidente de Fátima, que anuncia que el “Aviso” ocurriría en simultaneidad aproximada con una situación revolucionaria en España, durante la cual los sacerdotes comenzarán a tener dificultades para desempeñar con libertad el culto divino (a lo cual alude, por lo demás, un anuncio de la religiosa Madre María Ráfols).

Así, pues, si queremos conciliar la lista de S.Malaquías con las indicaciones de Garabandal, tendríamos que optar por el 13 de abril de 2028 como fecha del Milagro, a  no ser que hubiéramos de hablar de la Gran tribulación como de un período que dura 7 años, en cuyo caso, el Milagro habría de anticiparse al 11 de abril de 2024. Menos de un año antes ocurriría el Aviso; ¿tendrá esto algo que ver con algunos anuncios de origen poco preciso, según los cuales, a partir de 2023 es como “si se interrumpiera el tiempo terrestre tal como lo conocemos”?). Sólo así se interpretaría adecuadamente el último lema.

Y ya que hablamos de Petrus Romanus, ¿cabría pensar que se aproxima el final del intervalo antes aludido, que comenzó con la renuncia de Benedicto XV? La alusión a la “revolución comunista” en España como inmediatamente anterior al Aviso nos invita a pensar sobre el hecho de que en 2020 se cumplen 84 años (período en que el planeta Urano vuelve aproximadamente a la posición de partida) de la Guerra Civil (el “Infierno español” le llamaron algunos).  Y, por otro lado, no deja de despertar nuestra curiosidad la circunstancia de que Jorge Mario Bergoglio haya venido al mundo en 1936.

                           NOTAS

  1. ¿De dónde ha salido esa “agenda”, que unas veces se designa como “agenda 2030” y otras como “agenda 2020-2030”? Quizá de un cálculo basado en la profecía de las 70 semanas de Daniel, la última de las cuales empezaría a contarse desde el año 2018 (si se admite que una “generación” normal dura 70 años según la Biblia; siempre el punto de partida sería el año 1948, el de la fundación del Estado de Israel)), o bien desde 2028 (si se trata de la “generación” más robusta, que dura 80 años). En el primer caso, la semana final va de 2018 a 2025; en el segundo, de 2028 a 2035. Y, puesto que la mitad de la primera comienza en 2021 y la mitad de la segunda en 2031, los de la ONU o el Nuevo Orden Mundial han optado por redondear, y así dicen “Agenda 2020-2030”.
  2. Sobre Garabandal y la lista de los Papas de S.Malaquías, Tormo Gómez, D.

Cristianismo y sistemas simbólicos